La mayorÃa de los gitanos rumanos que han sido expulsados de Francia en las últimas semanas quieren regresar a este paÃs, pues en RumanÃa no tienen formas de subsistir. Volverán a Francia, aunque la policÃa «nos expulse otra vez». Desde principios del año 2010 unos 9.000 ciudadanos rumanos de origen gitano han sido repatriados a su paÃs de origen. Y desde principios del pasado mes de agosto, cuatro aviones repletos de gitanos rumanos han despegado del aeropuerto de Marsella con destino al de Baneasa en Bucarest.
No será el último avión, según ha hecho saber el Gobierno de Nicolas Sarkozy. Cuando llegan al aeropuerto de Bucarest, los gitanos expulsados, cuyos rostros expresan cansancio y desilusión, intentan sortear a los numerosos periodistas rumanos y de otras nacionalidades que aguardan en este lugar desde hace semanas. Nada más llegar a suelo rumano lo que quieren los gitanos es regresar a sus pueblos o ciudades de origen.
«Algunos viven muy lejos de Bucarest, a centenares de kilómetros, y van a tener que hacer largos viajes en tren, autobús o taxi antes de llegar a su destino», explica por teléfono a este corresponsal el sociólogo Mircea Popescu, que trabaja desde hace años con colectivos gitanos. Popescu se encuentra en Barbulesti, un pueblo situado a unos 100 kilómetros de Bucarest donde vive una importante comunidad de origen romanÃ. La mayorÃa de los gitanos de este pueblo han viajado a Francia al menos una vez. Algunos también han residido en España e Italia. Barbulesti es un pueblo pobre que vive de la agricultura y muchos campesinos siguen trabajando la tierra como hace décadas, con caballos y arados antiguos. Pero la prosperidad capitalista ha llegado a algunas familias del pueblo, y los automóviles modernos coexisten pacÃficamente con la tracción animal.
Los gitanos son los más pobres entre los pobres y viven en un barrio de Barbulesti cuyas calles están sin asfaltar, y muchas casas carecen de las mÃnimas condiciones de habitabilidad. «Los gitanos de Barbulesti son una buena radiografÃa de su situación en el conjunto de RumanÃa. Son muy pobres, están marginados por la sociedad y la única salida que tienen es emigrar al oeste de la Unión Europea, porque para ellos es mejor vivir en un barrio de chabolas a las afueras de Madrid, ParÃs o Roma que en RumanÃa», asegura Mircea Popescu.
Adrián tiene 37 años y hace parte de uno de los grupos de gitanos rumanos expulsados por ParÃs. Está casado y tiene tres hijos de 14, 11 y 7 años. Adrián vivió durante casi dos años en una chabola a las puertas de Lyon. Habla un francés correcto. En su conversación telefónica con este corresponsal asegura que «volverán a Francia con mi mujer, porque aquà no se puede vivir».Y advierte: «Si Francia no nos abre sus puertas, nos iremos a España o Italia, porque tenemos que comer y darles de comer a nuestros hijos, y nadie nos va a detener». Adrian lo tiene claro cuando dice: «Los gitanos no tenemos fronteras. No nos quieren en ninguna parte, pero nosotros iremos allá donde podamos vivir un poco mejor. Queremos trabajar y no vivir de limosna».
El 10% de la población
En RumanÃa viven unos dos millones de ciudadanos de origen romanÃ, prácticamente el 10% de la población. Según diversos estudios, el 90% de los gitanos rumanos viven en la pobreza. |